RECORDANDO AL ABUELO
Mi abuelo media casi dos metros tenía unos brazos muy fuertes, me cargaba en sus hombros y me llevaba hasta la finca sin descansar, él era mi persona favorita en todo mi mundo, recuerdo un sueño que tuve con él, pero de esto ya hace mucho tiempo sin embargo lo recuerdo muy bien, era domingo, un cálido y bulloso domingo profundeño; de lunes a sábado la vida era apacible en este pequeño pueblo, siempre y cuando no se presentara algún velorio o la reunión de cualquier politicucho que siempre llegaba a prometer la pavimentación de la carretera, el domingo en cambio, el pueblo se inundaba de mulas y de arrieros con sus cargas de café, su única callecita se convertía en una feria que apestaba a mierda de caballo y viejitos llenos de cerveza...soñé que ese domingo yo caminaba entre las colas de los caballos que estaban de cabresto de sus dueños en los corredores de las tiendas donde se embrutecían con la póker de moda y se les hacía tarde para irse a sus humildes casitas, yo buscaba afanada a mi abuelo Aparicio porque lo conocía y sabía que con cuatro cervezas ya se tambaleaba y no dejaba de repetir que yo era su nietecita preferida, lo buscaba y no lo encontraba hasta que lo vi a lo lejos, reconocí su ropa y sombrero mas no podía ver su rostro pero yo lo llamé como lo hacía siempre; le grite: !lito¡, así le decía y así lo nombre hasta que murió de cáncer a los 84 años, cuando yo ya tenía mis dos hijas, mi lito no me volteaba a ver y yo le insistí gritándole con un poco más de fuerza, me frustraba mucho ver que mi lito no me contestara y corrí lo más rápido que pude para alcanzarlo pero cuando estuve cerca me di cuenta que mi abuelo hablaba con una niña que iba delante de él y escuché que le decía mi nombre y con voz suplicante le pedía que le diera la mano por que él estaba borracho, mi abuelo se tambaleaba y se tenía el sombrero, la niña que iba adelante ¡era yo!, y me estaba riendo muy feo, me burlaba de mi lito por que iba borrachito y no le daba la mano, de pronto el camino se me hizo conocido y era un lugar con mucho barro amarillo de ese melcochudo y pegajoso, un sitio donde la bestias se enterraban hasta la barriga y las personas pasábamos haciendo equilibrio por unos troncos que se habían colocado al lado del camino, en mi sueño yo me seguía viendo de primera en la fila que se había formado con mis tíos detrás de mi abuelo y mi otro yo que ahora iba en los hombros de mi lito, yo quería decirle a mi abuelo que yo lo cuidaba pero no se escuchaba mi voz sólo podía pensar, mi abuelo seguía suplicando que por favor le diera la mano y de repente la niña que iba adelante se detuvo, me di cuenta que llevaba una capa y todo su vestido era negro, también con un sombrero puntiagudo de color negro, nos detuvimos todos para observar como la niña se volteaba lentamente y nos miraba con una horrible cara de bruja vieja y nos mostraba sus horrendos dientes afilados, el susto fue tan terrible que me desperté en ese momento, pensé mucho en ese sueño en lo que vi y lo que sentí, luego, empecé a tener muchos sueños muy parecidos y fue cuando me di cuenta que los sueños nos dicen quienes somos...
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